domingo, 18 de septiembre de 2011

Apuntes inconexos

Tengo ante mí un montón de polaroids desperdigadas, post-its amarillos que ya no pegan, chinchetas con las que clavé fotogramas en mi corcho, postales de amigos cuyos rostros no recuerdo. He abierto la caja de Pandora, el cajón de mi habitación al que hace unas semanas le pegué un adhesivo que reza: "fotos, recuerdos, diapositivas". Yo y mi pasión por las etiquetas, por las clasificaciones, por los calendarios en los que anoto qué hago cada día y que guardo con nostalgia precoz pensando "quizá algún día me apetezca mirar atrás".

Siguiendo con el afán por encontrar uno o varios sustantivos que definan cualquiera de mis actos, mis recuerdos y mis posesiones; doy una vuelta por mi memoria reciente y me vienen a la cabeza cosas como el "fragmento", el "montaje" o la "constelación" benjaminiana; la crisis del relato que según mis apuntes de primer curso caracteriza al cine moderno, el fin de las grandes ideologías del que seguramente habrá hablado Lipovetsky. Y digo seguramente porque he de reconocer, con pesar, que no tengo un conocimiento profundo de nada de lo que nombro. En tres años de carrera universitaria sólo he retenido eso, nombres, títulos, ideas vagas; y me siento un poco como el protagonista de Memento intentando dar un sentido global a los tatuajes de su cuerpo.



Memento. Cristopher Nolan. 2000.

Todo ello me produce un poco de miedo y me ruboriza. Me hace sentir ignorante, indisciplinada. Pienso que no aprovecho como debiera la educación que me está siendo dada. Sin embargo, me siento algo más cómoda pensando que mi método está avalado de algún modo por la filosofía de nuestro tiempo, que coincide con una especie de sentir general... qué sé yo, en realidad, conecto a mi modo ideas ambiguas, me miento para sentirme mejor.

Leonard también se hace un relato a medida en la película que acabo de ver. Y el protagonista de El Club de la Lucha. Y la rubia de Mulholland Drive. Todos ellos atrapados en cavernas platonianas, haciendo equilibrios por el umbral entre la ficción y la realidad, saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo sin despeinarse.

Quizá yo también padezco de amnesia anterógada, porque ya no sé bien bien a qué todo venía esto...

El caso es que llegados a este punto, predigo que dentro de unos años, cuando quiera contarme a mí misma la historia del cine o la historia de mi vida, seré incapaz de crear un relato lineal, sólido, con un sentido único. Veré la foto de Teddy, su matrícula de coche tatuada en mi piel, las llaves de la habitación del motel en el que me hospedo y me repetiré para mí misma la frase de Bauman: "la única certeza es la incertidumbre". 

Mis padres me cuentan a menudo que a los cuatro años de edad, después de ver la versión de Disney de Peter Pan, les repetía constantemente a mis amigos y familiares, a modo de oración: "Peter Pan y su sombra. Su sombra y Peter Pan". Más tarde, cuando conocí a Sergio, un amigo de la familia que por entonces iba al instituto, cambié la frase por una sentencia de Sócrates, la famosa "sólo sé que no sé nada". Si habéis llegado hasta aquí no dejéis de leer por creerme pedante, no es esa la intención de la anécdota. 



Sans Soleil. Chris Marker. 1983.

Lo que trato de decir es que... de acuerdo, no sé lo que trato de decir. Sólo quiero confesar que me siento como Leonard en Memento, como Scotty en Vértigo, como Fred Madison en Lost Highway. Reconstruyendo la memoria personal a mi manera, sin saber, en ocasiones, si involuntariamente he omitido algo, si me he mentido a mí misma, si maquillé la historia escribiendo un relato paralelo más emocionante que el real. Preguntándome, por último, si lo real existió alguna vez.

2 comentarios:

  1. Seré tu Tyler Durden si tú eres mi Marla Singer. Me tatuaré un "FrigoPie" en las cuerdas vocales porque estoy celoso de ellas, porque por más que sea yo el que lo siente, son ellas las que te dicen al oído "Te Quiero". Tengamos un animal. Eso nos unirá más. Un buey, por ejemplo, o un colibrí. Podemos llamarlo Isaki o Messi, y nos mirará embelesado mientras jugamos a raquetas en la playa de Montgat Nord.

    Por cierto, hoy me ha ocurrido eso que dicen que les suele ocurrir a otros. Ya sabes, uno tiene un compañero de bar con el que vé los partidos de fútbol y de repente se da cuenta de que ese compañero tiene el físico perfecto para hacer "un tipo de papel en concreto". Y te dan ganas de escribir algo sólo para él.

    No sé, el mundo es raro, caótico, desordenado.

    Teniendo en cuenta esa premisa, yo tampoco soy tan raro, ¿no?

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  2. Como diría Laura Dern en Blue Velvet, "It's a strange world, isn't it?"...

    En cuanto a la mascota, propongo que tengamos un gato blanco y negro y un pez naranja chillón, como Pinocho.

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